Llegó el otoño.
jueves, 8 de diciembre de 2016
sábado, 22 de octubre de 2016
Simplemente se sabe.
jueves, 28 de abril de 2016
Hola querido lector.
Hola querido lector. Seguramente esta carta no te interese ya que no va dirigida a nadie en particular y a todos a la vez. Todos los días vemos nosticias de niños y niñas sufriendo bullying, yo también quiero hablar de eso. Pero no voy a hablar de ellos como un dato en el tiempo, voy a hablar sobre nosotros, como una más que lo ha sufrido. Y es que si os dais cuenta, la última opinión que se pide es la nuestra. Siempre salen en las noticias los que lo ven, los que lo hacen, pero no los que lo sufren. ¿Por qué? Queremos expresarnos, al menos yo.
No, yo no he sufrido el bullying físico, que la mayoría de la gente se piensa que es el único, pero no es así. Por desgracia también existe el psicológico, aunque no sea reconocido puede ser tan dañino como el primero. Yo lo tuve que soportar. Claro que en un principio pensaba que eso no era bullying, nunca me habían levantado la mano. Pero yo he llegado a meterme los dedos en la garganta para no tener que ir a clase, yo he tenido que aguantar risas, insultos e incluso que me tiraran tetabriks y bolas de papel de aluminio, yo he llegado a mi casa después de clase llorando día tras día, yo he faltado a clase más de tres días por semana, yo he sufrido bullying. Y no me di cuenta hasta que busqué realmente el significado de la palabra: "El acoso escolar (...) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales."
Pero la cosa no se quedó ahí, aunque faltara más de la mitad de semana a clase en la calle seguían las amenazas como: "Te rompía esas gafas de sol en la cara de un puñetazo" o incluso insultos delante de mi madre, pero lo decían tan bajito que ella no se enteraba.
No, no me pegaban, al menos no físicamente, porque psicólogicamente me masacraron. Todo empezó a ir mal, clases, notas, amigos... y con esas edades todo se hace mucho más grande. Fui tonta, lo sé, consiguieron vencerme por un momento, intenté cortarme queriedo que el dolor físico fuera mayor que el psicológico. No, finalmente no lo hice, paré antes de tiempo. Gracias a Dios tuve un momento de fuerza, o de lucidez, como queráis llamarlo, pero paré. Aún así decidieron llevarme a un psicólogo, me vio mal, muy mal, me dijo que si no mejoraba me medicaría. Y yo no quería eso, no quería que todo se hundiera más, así que reuní fuerzas y me prometí salir de esa. En efecto, en pocos meses mi autoestima subió. Esas navidades decidí teñirme y curiosamente empezó a gustarme un poquito lo que devolvía el espejo. Cuando después de eso volví a las sesiones de mi psicóloga, ella, al verme, casi se echa a llorar, lo que me conmovió y a la vez me gustó, porque ella y yo sabíamos que había mejorado con creces. Y así fue, como todos sabemos la vida es una montaña rusa, y en ese momento era sólo de subida, pero todo lo que sube baja.
A día de hoy no tiene nada que ver mi autoestima de ahora con la de ese tiempo, todo ha mejorado, pero de nuevo me he encontrado con esas personas que parece que viven para echar abajo a los demás. Esta vez no me insultan directamente, hablan de "la gente que hace esto", que por lo general yo hago, miran con malas caras, contestan mal y te hacen sentir inferior. Pero en realidad todo esto es porque ellas se sienten inferiores y ya no sufro por ello, sino que me dan pena, porque me he dado cuenta que los que realmente sufren son ellos, que todo lo hacen por el sentido de inferioridad y la envidia y ese es el peor castigo de una persona, lo malo es cuando lo pagan con quien no se lo merece.
Si tú, querido lector, eres uno de esos que se creen superiores por reírse de los demás: por favor, mírate al espejo antes de criticar, por favor, piensa antes de hablar, aunque te cueste, por favor, no sigas con eso, ni tú ni nadie va a ganar nada con esa situación.
Si tú, querido lector, eres uno de los que lo ve desde lejos, por favor, evítalo, defiende a esa persona como te gustaría que te defendieran a ti, por favor, no seas cómplice de algo que puede arruinarle la vida a alguien, por favor, escucha a las personas que lo sufren, no a las que lo provocan.
Y si tú, querido lector, eres uno de los que están pasando por eso, estés donde estés, seas como seas: te entiendo y por favor, no dejes que te hundan, eres mucho mejor que ellos, por favor, sal adelante como yo lo conseguí, sé que es difícil, pero todo se puede, por favor, nunca dejes de ser tú por lo que digan los demás. Lo más importante en la vida: es gustarte tú.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Llora.
El cielo está dividido en dos. Resquebrajado. Roto. Oscuro. Triste. Llora. Llora como cuando alguien a quien quieres se va y no sabes cuándo lo vas a volver a ver. Llora como cuando te acuerdas de alguien que te falta, que está allí arriba. Son lágrimas de sinceridad. Llora como cuando toda la rabia de dentro sale destrozandolo todo. Llora.
Pero qué sanas son las lágrimas. Qué bien sientan. Y cómo duelen algunas veces.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Y si no fuera por él, yo no sé qué sería de mí en estos días grises. No tendría a nadie que le diera un poquito de color. Y él es que colorea mi mundo entero. Él no entiende lo que quiero decir cuando digo que dibuja muy bien, no me refiero a su boli y papel. No. Me refiero a que sabe dibujarme muy bien una sonrisa, a que no se sale de las líneas coloreando mi mundo, a que, cuando estamos solos, sabe pintar el mejor mundo para nosotros dos, sólo para nosotros dos. Y cuando estoy como hoy cierro los ojos y me imagino en ese mundo perfecto que pinta para nosotros y entonces todo se hace más ameno y las ganas de llorar, de gritar, de desaparecer, aminoran y dan paso a un gran deseo de estar los dos de nuevo en ese mundo. Solos. Juntos. Siempre juntos.
viernes, 4 de septiembre de 2015
¿Distancia?
Está lejos, muy lejos, pero yo le siento cerca. Duele bastante tener que estar día tras día sin poder verle, pero, una vez llega el día de ir a su lado, o que venga él al mío, cómo me siento en el preciso instante en el que vuelvo a ver su cara, compensa el resto. Cuando me acerco a él, cuando noto su piel cerca de la mía, cuando me mira, cuando sonríe, cuando me guiña el ojo, cuando me dice que me quiere, cuando me demuestra que me quiere, cuando me abraza, cuando me besa, cuando es él, a cada segundo, a cada instante a su lado recompensa el tiempo que paso sin él. Y ahora que no lo tengo quiero llorar porque él no está aquí, pero también quiero llorar de felicidad, porque sé que al final de los kilómetros él me espera con los brazos abiertos, sé que a pesar de la distancia los sentimientos no cambian, sé que estamos hechos el uno para el otro y que eso no va a cambiar nunca, da igual cualquier obstáculo que se nos ponga por delante, juntos lo vamos a superar, porque yo le apoyo y él me apoya y para mí, lo más importante es eso, que ambos queremos que esto siga adelante, que ambos creemos en un futuro juntos y que ambos luchamos por un nosotros. Y por eso le amo, no necesito un príncipe azul, ni un héroe, solo le necesito a él, callado o hablando, despierto o dormido, feliz o triste, contento o enfadado, para mí él es perfecto en todas sus facetas y no necesito nada más, solo a mi perfecto imperfecto, para que complete a esta perfecta imperfecta.
