Este cielo podría explicar, sólo con mirarlo, exactamente cómo me siento, gris, oscura, triste.
Otra vez triste.
Triste porque se me da demasiado bien soñar, soñar por todo lo alto,
y después caigo y el golpe es cada vez más fuerte, cada vez duele más,
porque cada vez lo veo más lejos, más difícil
y entonces soy más gris, más oscura.
En realidad, no me cuesta fingir las sonrisas,
ya llevo tanto tiempo haciéndolo que hasta yo,
delante de la gente, me creo que soy feliz,
pero por dentro cada vez soy más gris, más oscura.
Del cielo comienzan a caer gotas, al igual que de mis ojos,
primero poco a poco y después con demasiada agresividad,
y con ello, con el cielo cada vez soy más gris, más oscura.
Con el paso de los minutos, de las horas, de los años,
de los daños, sobre todo de los daños,
me hago más gris, más oscura.
¿Qué es el dolor? ¿Esto es dolor?
¿Dolor es sentirse cada vez más gris, más oscura?
Irónico que me digan que puedo salir de esto, así,
tan fácil, como si el gris lo pudieras aclarar fácilmente,
como si a la oscuridad le pudieras poner una llama de un mechero
e iluminar un mundo entero.
Y al darme cuenta de que no puedo
me siento más gris, más oscura.
