domingo, 8 de noviembre de 2015

Llora.

El cielo está dividido en dos. Resquebrajado. Roto. Oscuro. Triste. Llora. Llora como cuando alguien a quien quieres se va y no sabes cuándo lo vas a volver a ver. Llora como cuando te acuerdas de alguien que te falta, que está allí arriba. Son lágrimas de sinceridad. Llora como cuando toda la rabia de dentro sale destrozandolo todo. Llora.
Pero qué sanas son las lágrimas. Qué bien sientan. Y cómo duelen algunas veces.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Hoy me encuentro en uno de esos días en los que quieres llorar, quieres gritar, quieres desaparecer, pero eres tan cobarde que al final no haces nada, solo te sientas, como una tonta, delante del ordenador a intentar escribir palabras, con o sin sentido, me da igual que alguien las entienda o piensen que estoy loca. Me da igual si escribo bien o si no, si no rima o no uso palabras extrañas para que quede mejor y parezca que soy culta y lista, porque no lo soy, yo solo escribo para expresar como puedo lo que siento, no para que la gente me diga que lo hago bien por usar palabras que ni si quiera sé lo que significan, que sí, que son muy bonitas, pero a mí me gusta escribir para que todos me entiendan, para que se sepan cómo estoy. Y hoy estoy mal. Hoy, ayer, antes de ayer y seguramente mañana y pasado mañana. Porque me siento sola. Pero no sola porque lo esté, sola porque yo elijo estarlo, porque aparto a la gente de mi lado y aunque me hagan daño no se lo digo, voy a seguir sacando mi sonrisa de no me pasa nada, y seguiré el juego como si nada, como si realmente no estuviera rota por dentro. Pero lo estoy. Y duele. Pero no me quiero quejar, porque hay gente peor que yo, porque yo tengo ahí a alguien, alguien que me quiere, alguien a quien quiero, ese alguien que es capaz de sacarme una sonrisa hasta cuando parece imposible, porque sabe cómo hacerlo, sabe cómo tratarme, sabe estar ahí, sabe hacerme feliz, darme mis mimos, sabe sacarme de los malos momentos. Y es que solo pensar que le tengo a hace que todo lo malo parezca mucho menos, hace que todos los problemas pasen a un segundo lugar. Y en primer lugar solo estamos él y yo. Que es lo que importa. Que somos los que importamos. Que es quien me importa. Que soy quien le importa.
Y si no fuera por él, yo no sé qué sería de mí en estos días grises. No tendría a nadie que le diera un poquito de color. Y él es que colorea mi mundo entero. Él no entiende lo que quiero decir cuando digo que dibuja muy bien, no me refiero a su boli y papel. No. Me refiero a que sabe dibujarme muy bien una sonrisa, a que no se sale de las líneas coloreando mi mundo, a que, cuando estamos solos, sabe pintar el mejor mundo para nosotros dos, sólo para nosotros dos. Y cuando estoy como hoy cierro los ojos y me imagino en ese mundo perfecto que pinta para nosotros y entonces todo se hace más ameno y las ganas de llorar, de gritar, de desaparecer, aminoran y dan paso a un gran deseo de estar los dos de nuevo en ese mundo. Solos. Juntos. Siempre juntos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Distancia?

Está lejos, muy lejos, pero yo le siento cerca. Duele bastante tener que estar día tras día sin poder verle, pero, una vez llega el día de ir a su lado, o que venga él al mío, cómo me siento en el preciso instante en el que vuelvo a ver su cara, compensa el resto. Cuando me acerco a él, cuando noto su piel cerca de la mía, cuando me mira, cuando sonríe,  cuando me guiña el ojo, cuando me dice que me quiere, cuando me demuestra que me quiere, cuando me abraza, cuando me besa, cuando es él, a cada segundo, a cada instante a su lado recompensa el tiempo que paso sin él. Y ahora que no lo tengo quiero llorar porque él no está aquí, pero también quiero llorar de felicidad, porque sé que al final de los kilómetros él me espera con los brazos abiertos, sé que a pesar de la distancia los sentimientos no cambian, sé que estamos hechos el uno para el otro y que eso no va a cambiar nunca, da igual cualquier obstáculo que se nos ponga por delante, juntos lo vamos a superar, porque yo le apoyo y él me apoya y para mí, lo más importante es eso, que ambos queremos que esto siga adelante, que ambos creemos en un futuro juntos y que ambos luchamos por un nosotros. Y por eso le amo, no necesito un príncipe azul, ni un héroe, solo le necesito a él, callado o hablando, despierto o dormido, feliz o triste, contento o enfadado, para mí él es perfecto en todas sus facetas y no necesito nada más, solo a mi perfecto imperfecto, para que complete a esta perfecta imperfecta.

jueves, 29 de enero de 2015

Más gris, más oscura.

El cielo se cierne sobre mí, gris, oscuro, da miedo, pero a la vez es tan bonito. 

Este cielo podría explicar, sólo con mirarlo, exactamente cómo me siento, gris, oscura, triste. 

Otra vez triste. 

Triste porque se me da demasiado bien soñar, soñar por todo lo alto, 
y después caigo y el golpe es cada vez más fuerte, cada vez duele más, 
porque cada vez lo veo más lejos, más difícil 
y entonces soy más gris, más oscura. 

En realidad, no me cuesta fingir las sonrisas, 
ya llevo tanto tiempo haciéndolo que hasta yo, 
delante de la gente, me creo que soy feliz, 
pero por dentro cada vez soy más gris, más oscura. 

Del cielo comienzan a caer gotas, al igual que de mis ojos, 
primero poco a poco y después con demasiada agresividad, 
y con ello, con el cielo cada vez soy más gris, más oscura. 

Con el paso de los minutos, de las horas, de los años, 
de los daños, sobre todo de los daños, 
me hago más gris, más oscura. 

¿Qué es el dolor? ¿Esto es dolor? 
¿Dolor es sentirse cada vez más gris, más oscura? 

Irónico que me digan que puedo salir de esto, así, 
tan fácil, como si el gris lo pudieras aclarar fácilmente, 
como si a la oscuridad le pudieras poner una llama de un mechero 
e iluminar un mundo entero. 
Y al darme cuenta de que no puedo 
me siento más gris, más oscura.