Está lejos, muy lejos, pero yo le siento cerca. Duele bastante tener que estar día tras día sin poder verle, pero, una vez llega el día de ir a su lado, o que venga él al mío, cómo me siento en el preciso instante en el que vuelvo a ver su cara, compensa el resto. Cuando me acerco a él, cuando noto su piel cerca de la mía, cuando me mira, cuando sonríe, cuando me guiña el ojo, cuando me dice que me quiere, cuando me demuestra que me quiere, cuando me abraza, cuando me besa, cuando es él, a cada segundo, a cada instante a su lado recompensa el tiempo que paso sin él. Y ahora que no lo tengo quiero llorar porque él no está aquí, pero también quiero llorar de felicidad, porque sé que al final de los kilómetros él me espera con los brazos abiertos, sé que a pesar de la distancia los sentimientos no cambian, sé que estamos hechos el uno para el otro y que eso no va a cambiar nunca, da igual cualquier obstáculo que se nos ponga por delante, juntos lo vamos a superar, porque yo le apoyo y él me apoya y para mí, lo más importante es eso, que ambos queremos que esto siga adelante, que ambos creemos en un futuro juntos y que ambos luchamos por un nosotros. Y por eso le amo, no necesito un príncipe azul, ni un héroe, solo le necesito a él, callado o hablando, despierto o dormido, feliz o triste, contento o enfadado, para mí él es perfecto en todas sus facetas y no necesito nada más, solo a mi perfecto imperfecto, para que complete a esta perfecta imperfecta.
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