jueves, 8 de diciembre de 2016

Sí, joder, sí. Claro que es difícil tener una relación a distancia, pero que merezca la pena lo hace todo más fácil. Ojalá pudiera ver su cara al despertar todos los días, con los ojos cerrados, pero una sonrisa de oreja a oreja al sentir que estoy a su lado; ojalá pudiera ver todos los días su sonrisa de niño malo cuando hace algo que sabe que me va a molestar, sus ojos mirándome como si yo fuera lo único en esa habitación, cuando me mira y yo a él no, aunque sé que lo está haciendo, me gusta sentir que me mira sin necesidad de recibir otra mirada a cambio, simplemente lo haga por el hecho de que le guste hacerlo. Sus bromas cuando se mete conmigo, los te quiero que suenan diferente en sus labios, los besos, en la boca, el cuello, la frente, la nariz, me da igual, todos me gustan y todos me gustaría recibirlos día tras día. Y todo lo echo de menos, sí, también las cosquillas, cuando me dice que hago muchas tonterías con una sonrisa que termina la frase con un "y me encanta". Echo de menos todo eso, pero me ayuda a saber que volveré a verle, que volverá a hacer todas esas cosas, que cerca o lejos seguiré sintiendo que me quiere y que le quiero, a pesar de discusiones y enfrentamientos, a ideas diferentes, a la distancia, a pesar de todo le amo y sé que él me ama, y al principio tenía miedo de que se fuera, pero me ha demostrado que realmente vale la pena, que puedo confiar en él, imaginar una vida con él, porque él la imagina conmigo. A la mierda los príncipes azules, yo sólo le quiero a él. J. Mi 185.

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