martes, 23 de septiembre de 2014

Queremos tanto.

No podemos vivir en el ayer, ni en los recuerdos, en lo que pasó, en lo que ya terminó. Nos gusta hacernos daño, soñando recuerdos, en vez de sueños, viviendo el pasado en vez del presente, parados viendo cómo el tiempo pasa, en vez de prepararnos para el futuro. Rememorar todos aquellos momentos y sentir el dolor de las heridas abriéndose de nuevo, el dolor de las cadenas y los grilletes que tenías antes de todo. No somos capaces de vivir en la calma, tenemos que volver a la tempestad, a las olas, a ahogarnos en el mar sin que una mano se ofrezca a ayudar, no porque no haya nadie, sino porque no aceptamos ver todas las manos que hay. 
Nos gusta estar solos, pero nos quejamos de que nadie nos acompaña. Nos gusta hacernos daño, pero nos quejamos cuando los demás nos lo hacen. Que si nos amargamos queremos que el resto se amargue con nosotros. Pedimos ser únicos, pero nos da miedo serlo. Queremos ser felices, pero no por nosotros mismos. Queremos ser perfectos, sabiendo que las imperfecciones son las que nos hacen... eso, perfectos. Queremos estar bien, pero competimos por ver quién está peor. Queremos que el mundo nos sonría, cuando nosotros no sonreímos al mundo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario